Jacobo Rivero: “Al deportista se le presiona para que no hable de política”

Hace unos días pudimos entrevistar al periodista Jacobo Rivero para el programa de Ahora Ya Radio La patada de Boban. Rivero colabora con varios medios, como la revista Líbero, y ha publicado varios libros sobre deporte y sobre política. El último, Podemos. Objetivo: Asaltar los cielos, es uno de los estudios más detallados y documentados sobre el fenómeno político que más ha sacudido el panorama electoral español en los últimos años. Además de periodista, Jacobo Rivero ha sido entrenador de baloncesto, puesto que ha ejercido durante muchos años en Estudiantes, principalmente. El club del instituto donde estudió, el Ramiro de Maeztu. Esa faceta también está presente en su obra, especialmente en Del juego al estadio: reflexiones sobre ética y deporte, que escribió con el exportero argentino detenido por la dictadura, Claudio Tamburrini.

Jacobo llega puntual a la entrevista en un bar de Lavapiés, barrio del que se siente muy orgulloso. La pillamos en un hueco de su apretada agenda, mucho más tras las elecciones del 24-M. El día de la entrevista acaba de dimitir el concejal de Ahora Madrid Guillermo Zapata así que la conversación empieza forzosamente por ahí. Tiene un tono afable y un discurso sosegado, tranquilo. Las palabras se deslizan sin sobresaltos pero siempre certeras y las constantes digresiones le ayudan a armar un discurso muy meditado y extremadamente coherente. Esto fue lo que nos contó.

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Estás en plena promoción de tu último libro, Podemos. Objetivo: asaltar los cielos, así que la primera pregunta es obligada: ¿crees que el fútbol necesita un cambio como el que mucha gente está reclamando en política?

Pues sí. Con independencia de lo que cada uno piense, se están abriendo nuevos contextos sociales, nuevos contextos políticos, nuevas lógicas alrededor de la ética y, sin duda, el deporte todavía es uno de los espacios, probablemente, más reaccionarios y donde todavía se acumulan algunos de los valores que han permeado en la sociedad pero que no han permeado dentro de los clubs, de las ligas o de las federaciones. Sí que creo que en el deporte, en general, y el fútbol, en particular, porque es el deporte que más seguimiento tiene, que más espectadores congrega y que más dinero mueve (en el caso de España por lo menos), esos valores sí que tienen que estar y sí que creo que están ocurriendo procesos en ese sentido.

Sin embargo, todos los días oímos hablar de escándalos en la FIFA, de Blatter, de amaños de partidos. Por otro lado, tenemos a los sponsors que siempre condicionan el deporte en sí. ¿Tú crees que hay una alternativa real al fútbol negocio?

Claro, creo que la hay y creo que se está construyendo. Casos como el del Ceares, en la tercera división del fútbol asturiano, en el que los socios se apropian de un club histórico desde 1946. O algunas iniciativas como la liga cooperativa de baloncesto y de fútbol que hay en Madrid, también una liga que hay por la salud, o entendiendo el deporte como salud, en Guadalajara… Yo cada vez veo más experiencias de clubs y de grupos que tenemos una relación directa con el deporte, que nos apasiona y que queremos que sea de otra forma. Y eso, poco a poco, yo creo que va a ir llegando a lo que es la gran burbuja: al fútbol-negocio, a los sponsors, a esa forma de entenderlo todo como una mercancía y no como un valor de disfrute o de pedagogía y de ética. Creo, además, que están tomando mucho protagonismo, en esta nueva sinergia, también los deportistas con lo cual la ecuación es fantástica. Porque no es sólo ya que los espectadores, que es uno de los protagonistas fundamentales del deporte, sino que los protagonistas a pie de cancha están impulsando también este momento nuevo y novedoso pero que yo creo que va a tener un crecimiento importante.

“Hay una responsabilidad en el deporte de formación”

En otro libro tuyo, Del juego al estadio: reflexiones sobre ética y deporte, reivindicas el deporte base como una escuela de valores para el deporte profesional. Sin embargo, ¿no te parece que, a veces, ocurre precisamente lo contrario: que es el deporte profesional el que contamina algunos comportamientos en el deporte base?

Totalmente. El relato está hecho para que los chavales quieran ser como Mourinho metiéndole el dedo en el ojo a Tito Vilanova. Desgraciadamente ese es el relato. Y yo siempre digo que tienen mucha responsabilidad los medios de comunicación. Pero también hay una responsabilidad en el deporte de formación, que es algo que conozco muy bien porque he sido entrenador de baloncesto en la cantera de Estudiantes y en otros equipos, en el sentido de que los entrenadores deben tener como primera prioridad que los jugadores se diviertan. Y luego una serie de valores añadidos que tienen que ver con la convivencia en la sociedad, con la competición (que yo creo que es algo muy positivo y habitualmente muy denostado también por la izquierda). Una serie de cuestiones que están relacionadas con un juego y que tienen una importancia trascendental en la formación.

Hablando más específicamente de política y fútbol, ¿tú crees que hay algo en el fútbol que no sea política?

En el fútbol de élite, muy poco. También dependiendo de lo que entendamos por política, pero, por no meternos aquí en una disquisición muy larga sobre ciencia política, hay muy poco. Lo que sí que hay, y creo que es algo fabuloso, es que el espectador del deporte comercial, de élite éste horrible, ve mucha calidad de juego. Es innegable que eso el espectador lo disfruta. La NBA es una liga muy comercial, que luego tiene unas características muy particulares y muy diferentes a cómo entendemos aquí el deporte de élite, pero un chaval que está viendo unas finales de la NBA está viendo mucha calidad y puede aprender muchos recursos. Entonces tampoco se trata de demonizar el deporte de altísimo nivel porque es verdad que Messi es una pasada y es muy interesante verle jugar y un chaval puede aprender mucho. Pero, obviamente, todo lo que sale de los once jugadores contra otros once jugadores, prácticamente todo, tiene que ver con la política. Incluyendo lo que llevan en las camisetas o lo que no les dejan llevar.

Vemos casos de ultras, de presidentes, de políticos que se hacen la foto con los equipos ganadores… Todo politizado pero parece que sigue habiendo un tabú que es el de los propios futbolistas. ¿Sigue siendo un bicho raro un futbolista que se significa en política o sólo lo es el que se significa contra el discurso hegemónico?

Los políticos sólo se hacen la foto con los ganadores, eso para empezar. En rarísimas excepciones se la hacen con un perdedor, a no ser que haya competido contra un muy ganador. Y se la hacen porque se creen que eso se les va a contagiar, que ellos en la foto también van a salir mejor y que el elector tiene algo que ver con Rafael Nadal. Eso por un lado. ¿Qué es lo que ocurre? Que al deportista se le presiona para que no hable de política, para que no tenga criterio, para que simplemente sea uno que da patadas a un balón. Y si lo hace, si es con valores dominantes, es un ejemplo. Si lo hace con valores disonantes que puedan generar cierto ruido o cierta reivindicación, es una especie de friki o un tipo extraño. Ejemplos hay muchos. Yo, en un artículo reciente, lo comentaba: con la victoria de Syriza un jugador de fútbol de la cantera del Barça había dicho que el equipo humanidad daba un paso. En los medios deportivos eso se había reflejado como un pecado de juventud, un chaval díscolo, cosas de éstas… El relato dominante está hecho para eso, para que sólo haya un relato que tenga que ver con el mainstream, con lo comercial, con lo inocuo, con lo neutro. Pero en otros países sí que ocurre y está muy normalizado que los deportistas hablen de política y no hay ningún problema. Ocurre, y vuelvo a la pregunta del principio, que lo que hay es un déficit de democracia en el cual no está normalizado que alguien pueda tener ideas propias que, además, no sean acordes con el relato dominante. Y eso es muy grave, es algo muy complicado que tendremos que cambiar. Cuando Pau Gasol habló de que el 15-M le parecía comprensible y que entendía a la gente que salía a la calle, se le echaron al cuello todos los medios. En vez de dar un paso para adelante, dio un paso para atrás, claro.

“El fútbol ha aprendido cosas del baloncesto”

Sabemos que lo tuyo es más el baloncesto pero creo que eres aficionado del Athletic de Bilbao. Tú te defines como un “barrionalista de Lavapiés”. ¿En tu caso la elección del Athletic es política, es romántica…?

No, yo estudié en el Instituto Ramiro de Maeztu, que se caracterizaba por ser antimadridista como filosofía de vida. La mayoría de la gente era del Atlético de Madrid y algunos éramos del Barça de Gary Lineker, a mí el fútbol en esa época me encantaba. Luego me aburrió, no sólo por toda la maquinaria del negocio sino porque me vi más directamente implicado en el baloncesto y porque el Barça ganaba todo el rato y eso me parecía muy aburrido. Claro, yo vengo de un instituto con un club de baloncesto que siempre perdemos y de eso intentamos hacer algo divertido. Lo del Athletic de Bilbao tiene que ver con que mi padre siempre había mantenido en secreto sus gustos futbolísticos pero le gustaba mucho el fútbol y veía con él todos los partidos. Cuando falleció me confesó en su lecho de muerte que era del Athletic de Bilbao por la liga que había ganado en el año 52. Esto coincidió con que al poco tuve que ir a hacer un trabajo a Lezama y a San Mamés sobre la cantera del Athletic y las características particulares del club. Me gustó tanto el ambiente, el clima, lo que dijo Amorrortu, jefe de cantera del Athletic, sobre cómo era la formación de los chavales. Me gustó tanto esa filosofía más esta conexión familiar de último momento, que decidí ser del Athletic de Bilbao.

Ya nos has comentado que eres entrenador de baloncesto. Has trabajado durante muchos años en la cantera de Estudiantes bastante tiempo. ¿Crees que el fútbol tiene algo que aprender del baloncesto? ¿Qué crees que el fútbol podría aprender del baloncesto?

Creo que el fútbol ha aprendido cosas del baloncesto. Yo, por lo que he visto en Lezama y ahora que me acercado más al mundo del fútbol, que es un mundo fascinante, sí que creo que se está contagiando una forma de relacionarse con el deporte. Antes se decía siempre que el baloncesto es mucho más sano, que la gente es más tranquila, que los jugadores reflexionan más… Incluso en los procesos de formación, si hablamos de cuestiones técnico-tácticas, veo muchas sinergias entre cómo se está entrenando ahora al fútbol a cómo se entrenaba al baloncesto. Los rondos, por ejemplo, tienen mucho que ver con el baloncesto. Sí que creo que hay una contaminación en el mejor sentido de la palabra y eso creo que es algo que el fútbol tiene que aprender. También está el comportamiento de las aficiones. Tengo la sensación de que en el baloncesto -he ido a muchísimos partidos de baloncesto y a unos cuantos de fútbol- el espectador va de una forma mucho más reflexiva apreciando más el juego casi que el resultado. Esto, en líneas generales porque generalizar nunca es bueno. En cambio, en el fútbol muchas veces he tenido la sensación contraria: que se priorizaba en exceso el resultado y menos, el juego. Yo creo que el juego ha entrado en valor. Ahora, por ejemplo, en baloncesto ha ganado la NBA un equipo que desarrolla un juego muy divertido. Ese equipo ya tenía un valor por ese estilo de juego desde hace muchos años y hacía cuarenta que no ganaban un título. Empiezo a ver que muchos aficionados empiezan a entender así también el fútbol. O lo que pasó con el Manchester United y el FC Manchester. Muchos socios decidieron bajar a séptima división y, a partir de ahí, empezar a escalar sintiéndose identificados con el club, con sus colores, con la tradición, con una forma de promocionar la cantera… Y esto yo creo que es muy bueno.

Informe Robinson: Fútbol chileno, Por la Razón o la Fuerza

Con motivo de la Copa América Chile 2015, quiero compartir este documental del programa Informe Robinson sobre el golpe de Estado de 1973 en Chile, y su relación con el fútbol. Del Colo-Colo que estuvo a punto de ser campeón de la Copa Libertadores, al “partido” de la infamia en el Estadio Nacional entre la selección chilena y la ausente selección de la URSS.

Parte 1

Parte 2

La patada de Boban y el fútbol balcánico en los 90

Con motivo del estreno de La patada de Boban*, nuestro nuevo programa sobre política y fútbol en Ahora Ya Radio, aprovechamos para contar la historia que da nombre a ese espacio radiofónico. La patada de Boban fue un conocido episodio que sirvió para poner de manifiesto el odio que se estaba larvando en Yugoslavia y que dio pie a la terrible guerra de los Balcanes. Era mayo de 1990, días después de que los nacionalistas croatas de Tudjman ganaran las elecciones regionales, y se enfrentaban en Zagreb el equipo local, el Dinamo, y el Estrella Roja de Belgrado. Un partido inoportuno en un momento de máxima tensión. Los grupos ultras de ambos equipos contribuyeron definitivamente a caldear el ambiente en los días previos al partido. Nacionalistas croatas los del Dinamo, los Bad Blue Boys, y partidarios de la independencia; nacionalistas serbios los del Estrella Roja, los Delije, y defensores de una Yugoslavia unida bajo la hegemonía serbia. De hecho, el papel de los grupos ultras (serbios, croatas y bosnios) en la Guerra de los Balcanes pone los pelos de punta. Como resume muy bien Nacho Carretero en el mejor artículo que he leído sobre el tema, estos grupos “de la grada pasaron a la trinchera”.

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Aquel 13 de mayo, ni los 3.000 Delije serbios que se habían desplazado hasta Zagreb ni los Bad Blue Boys que allí les esperaban estaban precisamente esperando el pitido inicial. De hecho, éste ni se produjo. Diez minutos antes hubo una invasión de campo y se organizó una brutal trifulca sobre el césped del estadio Maksimir. Con el equipo local sobre el césped, la policía yugoslava, superada por la magnitud de los acontecimientos, intentó controlar la situación y empezó a cargar contra los ultras croatas. En ese intercambio de porrazos, patadas, puñaladas y golpes, el capitán del Dinamo de Zagreb, Zvonimir Boban, vio como uno de los ultras de su equipo era golpeado por un agente tras caer al suelo. El futbolista no se lo pensó dos veces y lanzó una patada voladora contra el policía, paradójicamente un musulmán de origen bosnio. La imagen de Boban, uno de los futbolistas yugoslavos más prometedores, pateando a un agente se convirtió en un símbolo de que Yugoslavia se estaba aproximando peligrosamente al borde del precipicio.

A Boban, que había sido campeón del Mundo sub-20 en 1987 con la selección yugoslava y había anotado el único tanto balcánico y el penalti decisivo en la tanda en la final contra Alemania en Santiago de Chile, esta acción le convirtió en un hérore nacional croata. Él mismo se mostró orgulloso de esa condición y llegó a afirmar: “Ahí estaba yo, una cara pública preparada para arriesgar mi vida, mi carrera, todo lo que la fama puede comprar, todo por un ideal, por una causa: la causa croata“. Sin embargo, esa acción le costó una sanción de 6 meses que le impidió jugar el Mundial de Italia. Un Mundial al que Yugoslavia llevó a algunos de los flamantes campeones del Mundo juveniles como Jarni, Prosinecki, Suker o Mijatovic. Los Plavi eliminaron a España en octavos pero cayeron con la vigente campeona, Argentina, en cuartos por penaltis. Ésa fue la última Copa del Mundo que disputó Yugoslavia con jugadores croatas y bosnios en sus filas.

De una gran Yugoslavia a una gran Croacia

Lo cierto es que la “generación de Chile” disputó su último partido oficial como selección yugoslava en 1991 ante las Islas Feroe. En 1992 Croacia obtuvo permiso de la FIFA para jugar competiciones internacionales y sus dos primeras presencias en fases finales fueron muy meritorias. En la Eurocopa de 1996 cayeron en cuartos frente a Alemania, que se proclamaría campeona y en el Mundial de Francia llegó el gran éxito del fútbol croata. Tras caer en semifinales ante la anfitriona y posterior campeona, Francia, Croacia terminó tercera del mundo. Toda una gesta para un país de cuatro millones de habitantes y que se había independizado siete años antes. En ese Mundial Suker fue máximo goleador y Boban, uno de los jugadores más destacados de su equipo.

El mismo año en que Croacia fue admitida en la FIFA, Yugoslavia (lo que quedaba) debía jugar la Eurocopa de Suecia para la que se había clasificado sin demasiados problemas. Sin embargo, la guerra ya había estallado y finalmente los Plavi no pudieron disputarla. Su plaza fue ocupada por Dinamarca, que había sido segunda en el grupo de Yugoslavia en la liguilla, que, paradójicamente, acabó ganando el torneo.

Poco más de un año después de su famosa patada, Boban hizo las maletas y fichó por el Bari italiano. Ironías del fútbol y de la vida, en Bari acababa de ganar el Estrella Roja la Copa de Europa contra el Olympique de Marsella, con algunos representantes de la generación campeona del Mundo sub-20. A Boban le bastó un año en el Calcio para dar muestras de su exquisita técnica y en 1992 fichó por el Milan de Fabio Capello. En Milán formó parte de uno de los mejores equipos de los años 90 y ganó cuatro scudettos y la Copa de Europa del 94 contra el FC Barcelona en Atenas. En 2001, tras casi 200 partidos en Italia, Boban llega al Celta de Vigo de Víctor Fernández. Éste le había prometido ser parte importante del equipo, pero el croata ya estaba en lo último de su carrera y la plantilla del Celta era muy competitiva. Jugó poco, fuera de su posición y en octubre de 2002 decidió que lo mejor era volver a casa. Boban colgó las botas y se marchó a Zagreb, donde se licenció en Historia. Poco después empezaría una carrera en la enseñanza que compatibiliza con su labor de comentarista para televisiones croatas e italianas. A pesar de ser uno de los jugadores más importantes de la década de los 90, a Boban siempre le persiguió la patad del Maksimir.

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* La patada de Boban se puede escuchar aquí

Política y fútbol en el 1 de mayo de Estambul

El 1 de mayo es muy especial en Turquía. A la reivindicación del Día Internacional de los Trabajadores se une el recuerdo de los 36 muertos (algunas fuentes elevan la cifra a 42, otras la rebajan a 34) en la plaza de Taksim de Estambul el Primero de Mayo de 1977. En un episodio bastante oscuro, se produjeron disparos hacia la multitud desde dos de los tejados de la plaza y, en medio del pánico, la intervención policial provocó una avalancha que terminó en masacre. Luego llegó el golpe de Estado de 1980 y las celebraciones del Primero de Mayo quedaron prohibidas hasta 2010. Desde entonces, tres años de celebración y dos de prohibición. Prohibición que provocó importantes disturbios en 2013 y 2014.

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Afortunadamente pude presenciar en la plaza de Taksim uno de esos primeros de mayo en calma, el de 2012, y allí vi algo que dudo mucho se pueda ver en otro lugar del mundo: cientos de personas, reivindicando una fecha tan señalada con camisetas, bufandas y banderas de los tres grandes equipos de Estambul. Tres aficiones rivales, que han protagonizado muchos incidentes, marchando juntas por la misma causa. Entre las muchas organizaciones allí congregadas (sindicatos, partidos de mil tendencias de izquierda, grupos feministas, kurdos, alevíes…), representantes de diferentes peñas de Galatasaray, Fenerbahçe y Beşiktaş, orgullosos de sus colores y, por encima de todo, de su pertenencia a la clase obrera.

El juicio contra Çarşı

En Turquía no existe una identificación clara entre aficiones y tendencias políticas, aunque sí entre algunos de sus grupos ultras. Uno de los grupos más grandes y ruidosos son los Çarşı (es su logotipo original la A se encierra en un círculo a la manera anarquista) del Beşiktaş. Este grupo no ocupa un fondo sino toda una tribuna lateral del estadio BJK Inönü de Estambul, donde se consiguió batir el récord de decibelios en una grada, en un partido de Champions League contra el Liverpool.

Algunos miembros de Çarşı se han visto envueltos en el último año en un proceso que les acusaba, ni más menos, que de conspirar para dar un golpe de Estado. Todo se remonta a las protestas de 2013 en el parque Gezi contra el gobierno del entonces primer ministro Recep Tayyip Erdoğan. En ellas fueron detenidos varios miembros del grupo y, aunque fueron puestos pronto en libertad, tuvieron que enfrentarse a un juicio y a los cargos de “intentar acabar con el gobierno turco a través de un medio ilegal”. El gobierno turco conseguía que la Fiscalía considerara las protestas de 2013 como un intento de golpe de Estado. El día del juicio, las puertas del tribunal estaban abarrotadas de camisetas del Beşiktaş pero también del Galatasaray, del Fenerbahçe y de otros equipos turcos. Desde entonces, un movimiento de solidaridad se ha despertado entre las aficiones de los equipos de Estambul. Algo que antes de 2013 sólo se podía ver el 1 de mayo.

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En un país en el que el fútbol lo impregna todo, en el que la vida no se vive con tanta pasión como un derbi, las aficiones de los principales equipos se han unido para hacer frente a un gobierno cada vez más autoritario. Ya lo hacían por un día durante el breve periodo en que la celebración del Primero de Mayo estuvo permitida, para sorpresa mayúscula de los extranjeros que por allí pululábamos. Sin embargo, el apoyo de otras aficiones a los ultras del Beşiktaş, ha sorprendido a un país que busca en la solidaridad una manera de frenar a un gobierno despótico.

Reflexiones sobre Jimy, el Frente Atlético, el Calderón y la violencia

Una sensación ya vivida: una mezcla entre asco, pena, rabia y mucha vergüenza. Ajena y propia. Ajena, porque los imbéciles que van al fútbol a buscar bronca no tienen nada que ver conmigo. Pero también propia porque esos imbéciles dicen defender los mismos colores que yo y porque llevamos muchos años compartiendo grada. Y porque en el fondo sé que lo que manchan es el nombre del equipo al que yo quiero y de toda una afición a la que me siento orgulloso de pertenecer. No puedo evitar tener otra vez la misma sensación de ir casi pidiendo perdón por algo que yo no he hecho y que no haría jamás en la vida. Y no es la primera vez, aunque sé que este caso es distinto al de Aitor Zabaleta. Aquello fue un acto cobarde e injustificado contra un aficionado pacífico. No quiere decir que lamente menos la muerte de Jimy, pero me consta que la pelea fue pactada y que casi todos sabían a lo que iban. Digo casi todos porque no dudo que en los autobuses de aficionados del Deportivo hubiera también algún aficionado que iba a disfrutar del partido (sí, después de la pelea había un partido) que no se enterara de lo que el Frente Atlético y Riazor Blues se traían entre manos. En todo caso dos muertes en 16 años en el mismo estadio son muchas. Demasiadas como para pensar que ha sido otra casualidad o una pura cuestión de azar.

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Quienes vamos habitualmente al Calderón sabemos que el azar no tiene nada que ver en todo esto. El azar no ha convertido el fondo sur del estadio en un lugar donde imponen su ley unos matones de barrio. De eso hay unos responsables. Y esos responsables son cómplices de dos muertes por no haberse atrevido o no haber querido cortar de raíz. La declaración de Cerezo al acabar el partido desvinculando los incidentes del fútbol fue infame, y las palabras de la persona que más manda en el Atleti diciendo que quién era él para tomar medidas, vergonzosa. De vergüenza propia, claro. La que muchos atléticos sentimos cada vez que uno de estos dos delincuentes (dicho sin ánimo de ofender, sólo de definir) se pone delante de un micrófono. Cerezo y Gil Marín saben que una parte muy importante de la afición del Atleti no aprueba su gestión ni que se hicieran con el club de forma ilegal. Pero cuando las cosas se les han puesto feas y la grada ha estallado en su contra, el fondo sur siempre mantenía un sospechoso silencio. Quien calla otorga.

Los pilares del palco están sostenidos por los violentos. Quitarles privilegios y limitar el cortijo que tienen montado en el fondo sur, les enfrentaría con la directiva. Eso la directiva del Atleti no lo quiere y probablemente no se lo puede permitir. Han sido años en los que esta alianza entre los matones de la grada y los delincuentes del palco se cimentaba en la simple connivencia. Tú no te metas en mis asuntos y yo no me meto contigo. Y así ha crecido una bestia muy desagradable y que el domingo volvió a mostrar su cara más brutal. Por eso soy muy escéptico con la cacareada disolución del Frente Atlético anunciada hace pocas horas. Primero porque aunque soy joven, con la experiencia he aprendido a desconfiar siempre de las palabras de Gil Marín. Segundo porque todo esto tiene pinta de ser un golpe de efecto mientras dura la tormenta, que se irá desinflando con el paso del tiempo. Y tercero, y más importante, porque no creo que el problema sea que exista una peña llamada Frente Atlético, como no lo hay en que exista una peña llamada José Antonio Reyes (bueno, esto sería jodido). El verdadero problema son los matones de barrio que pululan por allí y de paso, todo hay que decirlo, muchos hacen negocio con ello. Por eso, más que disolver nada lo que hace verdadera falta es identificar a los violentos y expulsarles de una vez y para siempre de NUESTRO estadio.

El perjuicio al equipo y a toda la afición

Pero puestos a buscar culpables, los atléticos también tenemos que hacer autocrítica. Yo, como socio y habitual del Calderón, probablemente también haya contribuido con mi granito de arena a alimentar a la bestia. Yo he visto pancartas vomitivas de pésame a Jörg Haider, pidiendo la absolución del asesino de Carlos Palomino o en solidaridad con los neonazis griegos Yorgos y Manolis, asesinados en 2013. En las celebraciones he visto brazos en alto y “Sieg Heil”. Y he seguido a lo mío porque pensaba que el Atleti estaba por encima de todo eso. Porque para mí el Atleti es lo que importa en todo esto. Al final, los que vamos al fútbol a divertirnos, los que creemos que la batalla la libran 22 millonarios en un rectángulo y sólo dura 90 minutos, quizá también tenemos un poco de culpa. A veces nos hemos creído eso de que son un mal menor que hay que pagar por tener un ambientazo. Porque son los únicos que animan, porque sin ellos los partidos de casa serían aburridísimos, porque no ganaríamos tantos puntos en nuestro estadio… Y el mal menor resulta que era un gran mal. Y mataba. O quizá es que para muchos el fútbol es sólo una excusa para pasar un buen rato de domingo con tu padre, tu cuñada o tus colegas y hemos preferido quedarnos con eso antes que con la parte desagradable. Y no soy precisamente de esos que piensan que el resultado es lo de menos, pero hay partidos como el del domingo pasado en los que te das cuenta de que hay cosas mucho más importantes.

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Lo que hay que ver a partir de ahora es cómo afecta todo esto al equipo. Porque esos que dicen dejarse la vida por el Atleti, están haciendo un mal incalculable. Y no sólo en cuestión de imagen (tremendamente dañada), sino también en lo deportivo. Uno de los mejores Atletis de la historia puesto en riesgo por unos cafres. Ahora en cada partido de casa la atención que debería recaer sólo en el césped va a estar en otro sitio. Y habrá que ver si la plantilla se puede aislar de eso. Me preocupa también el lugar en el que queda la mayoría de la afición del Atleti, una afición a la que le gusta disfrutar de su equipo y nada más. La herida que deja esta nueva muerte es profunda.

La motivación política de la pelea creo que está fuera de toda duda. Porque motivación deportiva, desde luego, no tenía. Sin embargo, que no me la vendan como una reedición de la Batalla de Brunete porque no compro. Que unos son nazis y otros antifascistas está claro. Que por eso se tienen ganas, seguro. Pero me juego el pulgar de mi mano derecha a que de todas las personas que participaron en la reyerta, no había más de 10 que hubieran leído el Mein Kampf o El Capital. Y me parecen muchas.

El boicot a Israel en el mundo del fútbol

Hace poco más de una semana, la UEFA anunciaba las sedes para la Eurocopa 2020. Entre las 13 ciudades que se repartirán el torneo finalmente no estará Jerusalén. En las semanas anteriores a la elección, grupos de solidaridad con el pueblo palestino habían instado a Michel Platini a escuchar sus demandas para que Israel no acogiera ningún partido de la Eurocopa 2020. Finalmente vencieron.

Fondo norte de San Mamés en un Athletic-Hapoel Kiryat en septiembre de 2012

Fondo norte de San Mamés en un Athletic-Hapoel Kiryat en septiembre de 2012

Las demandas a la UEFA por este asunto se enmarcan en la campaña internacional de BDS (Boicot, desinversiones, sanciones) a Israel. Esta iniciativa nació en el año 2004 entre las organizaciones de la sociedad civil palestina y rápidamente se extendió a todo el mundo. El boicot al estado de Israel no es sólo económico, también es académico, cultural, político y, por supuesto, deportivo. El boicot como herramienta política ya se utilizó contra el apartheid sudafricano y, en especial, en el que era el deporte de los blancos de ese país: el rugby. Cada vez que la selección nacional de Sudáfrica, los Springboks, viajaban al extranjero eran recibidos por manifestaciones, pancartas y protestas contra el apartheid. En 1981 llegaron incluso a ser “bombardeados” con harina en pleno partido en Nueva Zelanda. Cuenta John Carlin en El factor humano que esos actos tuvieron una importancia fundamental para que algunos jugadores sudafricanos, pertenecientes a esa clase media que no se mete en política pero sostiene un régimen gracias a su inacción, tomaran conciencia de lo que realmente pasaba en su país.

Los motivos para promover el Boicot deportivo a Israel tienen que ver con la ocupación y el hostigamiento de la población palestina aunque hay quienes son partidarios de separar el fútbol de todo esto. Sin embargo, parece difícil del comprender, en primer lugar, que un estado asiático, como es Israel, pertenezca a la UEFA. Máxime cuando el fútbol y los futbolistas han sido víctimas de sus ataques contra la población civil palestina. El último de ellos, Mohamed Al-Qatari, asesinado en agosto de este año cuando regresaba de una protesta contra el bombardeo de Gaza cerca de Ramallah. También cerca de Ramallah fue asesinado el futbolista Saji Darwish, de 18 años, por un francotirador israelí. O el caso más conocido de Mahmoud Sarsak, que llegó a jugar en dos ocasiones con la selección nacional de fútbol palestina antes de pasar tres años en una prisión israelí sin juicio y sin cargos. Sarsak pudo ser liberado después de una campaña en la que se involucraron futbolistas como Frédérick Kanouté, Eric Cantona o Lillian Thuram y de pasar tres meses en huelga de hambre dentro de la cárcel. También a la selección palestina pertenecían los primos Adam Abd-Al Raouf Halabiya y Johar Halabiyeh, que recibieron tres y once disparos respectivamente cuando volvían de entrenar por encender un cigarro, que los soldados israelíes pensaron que era una bomba. Tras su arresto y posterior aislamiento, los dos primos consiguieron por mediación de la federación palestina un permiso para ser tratados en Jordania. Cuando regresaban de allí, fueron arrestados y hoy permanecen a la espera de juicio bajo detención administrativa.

Pero no sólo el asesinato o el arresto de futbolistas amenazan al fútbol palestino. La destrucción de infraestructuras (como el Estadio de Gaza en 2012), la limitación a la libertad de movimientos de los jugadores (especialmente de aquellos que viven en la Franja de Gaza), la prohibición de entrada a miembros de otras selecciones por parte del ejército israelí a los territorio ocupados o las trabas administrativas, hacen que jugar al fútbol se haya convertido para los palestinos en otra de esas odiseas cotidianas.

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A pesar de la victoria que supuso la no elección de Jerusalén para la Eurocopa 2020, los equipos israelíes siguen jugando competiciones europeas con total normalidad. Esta normalidad es la que pretende romper la campaña BDS; que un estado cuyo desarrollo sólo se entiende a través de la ocupación, la limpieza étnica y la opresión de un pueblo, se presente ante el mundo como un estado más. Otro duro golpe para la campaña de BDS deportivo fue la celebración en Israel de la Eurocopa de fútbol sub-21 en el año 2013.

Frédérick Kanouté y la causa palestina

La campaña de BDS pretende involucrar a aficionados, clubes y jugadores. Una de las voces más comprometidas con el pueblo palestino en el mundo del fútbol es la del malí Frédérick Kanouté. El exsevillista, aparte de implicarse activamente en la campaña por la liberación de Sarsak es conocido porque en enero de 2009 celebró un gol contra el Deportivo de la La Coruña mostrando una camiseta interior en la que podía leerse “Palestina” en varios idiomas. Este gesto le costó una tarjeta amarilla y una multa de 3.000 euros, que jamás se arrepintió de pagar. En aquellos días Gaza sufría uno de los castigos colectivos más duros que se recuerdan con la operación Plomo Fundido. Kanouté también firmó, junto a Eden Hazard y Didier Drogba entre otros, un manifiesto en el que se pedía la UEFA que la Eurocopa sub-21 no se jugara en Israel. Este manifiesto resumía muy bien un punto importante de la campaña del boicot deportivo: “Que Israel se encargue de celebrar el Campeonato de Europa Sub-21 de la UEFA en estas circunstancias será visto como una recompensa a esas acciones que son contrarias a los valores deportivos.”

Política y fútbol en el referéndum escocés

Si tuviéramos que sacar una conclusión futbolística del referéndum por la independencia de Escocia del pasado día 18 de septiembre, podríamos decir que se saldó con victoria general del Rangers, pero en la ciudad de Glasgow se impuso el Celtic. Y es que los dos gigantes del fútbol escocés han representado históricamente las rivalidades políticas y confesionales de las islas británicas. Actualmente el Rangers, refundado en 2012 para no desaparecer, disputa la First Division (equivalente a la segunda división) pero sigue siendo el club con más títulos de liga de Escocia con 54. Sus vecinos del Celtic suman 45, 9 menos, pero nadie podrá quitarles la alegría de ver al eterno rival jugando en campos de cuarta división. Pero la liga escocesa, como cualquier campeonato de dos, es aburrida; o al menos lo era hasta el descenso de los Gers. Como en España, pero un poco más exagerado, vamos. El último equipo de fuera de Glasgow que ganó un título de liga fue el Aberdeen de un tal Alex Ferguson allá por 1985.

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Pero la rivalidad entre Rangers y Celtic traspasa lo futbolístico y llega a lo religioso que, por si alguien tenía dudas, también es político. De azul el Rangers, el equipo de los protestantes. En su estadio, Ibrox Park (así lo hemos conocido toda la vida aunque hoy el nombre oficial es Ibrox Stadium) abundan las banderas del Reino Unido y de la Irlanda del Norte unionista (la oficial, vaya). Pero no siempre fue así. El carácter protestante y unionista del Rangers se fue afianzando como contraposición a sus vecinos del Celtic. El Celtic, con su característica (y preciosa) camiseta de rayas horizontales verdes y blancas, sí nació como una institución católica en una parroquia. No en vano fue fundado por miembros de la numerosísima comunidad irlandesa de la ciudad de Glasgow, que años antes habían saltado desde su isla para huir de las hambrunas que asolaban al país del trébol.

La identidad irlandesa se percibe enseguida en Celtic Park. Allí abundan las banderas tricolores y el color verde de la isla de San Patricio. Ante la llegada de una gran cantidad de inmigrantes irlandeses, el Rangers quiso afirmar su identidad escocesa, británica y presbiteriana. De hecho, desde la I Guerra Mundial hasta 1989 los Gers no tuvieron a ningún jugador católico en sus filas. Entonces, ¿se puede ser protestante y del Celtic? Si, pero es raro. ¿Y católico y del Rangers? Bueno, esto es más complicado pero hay gente para todo.

El derbi de Glasgow: Old Firm

El conflicto de Irlanda de Norte ha sido un combustible que ha avivado el fuego del enfrentamiento entre estas dos aficiones. Por ese confesionalismo tan marcado, los dos clubes se han atraído a cada una de las partes enfrentadas en el Ulster. Así, durante el derbi de Glasgow, el Old Firm, no era raro ver en las gradas banderas y carteles o escuchar cánticos de apoyo al IRA o a la paramilitar Unión de Voluntarios del Ulster. Este odio confesional ha envenenado los Old Firm llegando a provocar serios disturbios y varias muertes. En los últimos años tanto la Federación Escocesa de Fútbol como la UEFA han impuesto varias sanciones a ambos clubes por cánticos que llamaban a la violencia sectaria.

De un lado, los Bhoys (aficionados del Celtic) con toda su simbología republicana, católica e irlandesa. Por otro, los Gers portando la Union Jack, la bandera del Ulster y el color naranja de la orden de Orange, gran azote del catolicismo británico en las guerras del siglo XVII. También en Glasgow, como en Belfast o Derry, los protestantes conmemoran las victorias de Guillermo de Orange con procesiones por la ciudad, en muchos casos atravesando barrios de mayoría católica. Algo que para estos últimos es una provocación intolerable y que va engordando hasta que estalla en los Old Firm (antes, durante y después).

Así pues, si atendemos a lo que se ve en las gradas de cada uno de los estadios podemos llegar a la conclusión de que fueron los aficionados al Rangers quienes sonrieron con el resultado del referéndum por la independencia celebrado el pasado 18 de septiembre. Con un 55,3 % de los votos, los escoceses decidieron seguir formando parte del Reino Unido. Sin embargo, en su propia ciudad, Glasgow, el Sí a la independencia ganó con un 53,5 %.

En Edimburgo la cosa no va tan lejos

Pero no toda Escocia es Glasgow, aunque casi toda la Escocia futbolística sí lo sea. En la capital, Edimburgo, el conflicto confesional-futbolístico también está presente aunque ni mucho menos con la intensidad de sus vecinos glasgowianos. Allí también hay dos clubes de fútbol y uno de ellos también fundado por inmigrantes irlandeses: el Hibernian F.C. Aunque suele ser considerado el hermano pequeño del Celtic, el Hibernian es más antiguo aunque menos laureado. Obviamente, entre Celtic e Hibernian existe un hermanamiento muy sólido, además de que comparten colores en su camiseta. Y al igual que en Glasgow, están “los otros”, el Heart of Midlothian, que por contraposición sería el equipo protestante y unionista. Sin embargo, en Edimburgo la rivalidad es mucho más sana que en Glasgow. Aquí no es raro ver a las aficiones mezcladas en los derbis e incluso en una misma familia puede haber aficionados de ambos equipos. Eso sí, los hinchas del Hibernian no dejan escapar la ocasión de escupir en el escudo de su rival, que decora una baldosa de la Royal Mile, la calle más concurrida de Edimburgo.

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En lo futbolístico el de Edimburgo es uno de los derbis con más tradición del mundo. El primero se jugó en 1875 y a octubre de 2014 se han disputado 318 oficiales. Contando torneos locales, amistosos e incluso un partido de año nuevo son más de 600. De momento el Hearts domina los enfrentamientos directos, incluyendo dos finales de Copa Escocesa, la última en 2012, cuando se impusieron por 5-1 al Hibernian. Por cierto, en Edimburgo el No a la independencia consiguió un apoyo del 61 %. Malos tiempos para el Hibernian.