Política y fútbol en el referéndum escocés

Si tuviéramos que sacar una conclusión futbolística del referéndum por la independencia de Escocia del pasado día 18 de septiembre, podríamos decir que se saldó con victoria general del Rangers, pero en la ciudad de Glasgow se impuso el Celtic. Y es que los dos gigantes del fútbol escocés han representado históricamente las rivalidades políticas y confesionales de las islas británicas. Actualmente el Rangers, refundado en 2012 para no desaparecer, disputa la First Division (equivalente a la segunda división) pero sigue siendo el club con más títulos de liga de Escocia con 54. Sus vecinos del Celtic suman 45, 9 menos, pero nadie podrá quitarles la alegría de ver al eterno rival jugando en campos de cuarta división. Pero la liga escocesa, como cualquier campeonato de dos, es aburrida; o al menos lo era hasta el descenso de los Gers. Como en España, pero un poco más exagerado, vamos. El último equipo de fuera de Glasgow que ganó un título de liga fue el Aberdeen de un tal Alex Ferguson allá por 1985.

old firm

Pero la rivalidad entre Rangers y Celtic traspasa lo futbolístico y llega a lo religioso que, por si alguien tenía dudas, también es político. De azul el Rangers, el equipo de los protestantes. En su estadio, Ibrox Park (así lo hemos conocido toda la vida aunque hoy el nombre oficial es Ibrox Stadium) abundan las banderas del Reino Unido y de la Irlanda del Norte unionista (la oficial, vaya). Pero no siempre fue así. El carácter protestante y unionista del Rangers se fue afianzando como contraposición a sus vecinos del Celtic. El Celtic, con su característica (y preciosa) camiseta de rayas horizontales verdes y blancas, sí nació como una institución católica en una parroquia. No en vano fue fundado por miembros de la numerosísima comunidad irlandesa de la ciudad de Glasgow, que años antes habían saltado desde su isla para huir de las hambrunas que asolaban al país del trébol.

La identidad irlandesa se percibe enseguida en Celtic Park. Allí abundan las banderas tricolores y el color verde de la isla de San Patricio. Ante la llegada de una gran cantidad de inmigrantes irlandeses, el Rangers quiso afirmar su identidad escocesa, británica y presbiteriana. De hecho, desde la I Guerra Mundial hasta 1989 los Gers no tuvieron a ningún jugador católico en sus filas. Entonces, ¿se puede ser protestante y del Celtic? Si, pero es raro. ¿Y católico y del Rangers? Bueno, esto es más complicado pero hay gente para todo.

El derbi de Glasgow: Old Firm

El conflicto de Irlanda de Norte ha sido un combustible que ha avivado el fuego del enfrentamiento entre estas dos aficiones. Por ese confesionalismo tan marcado, los dos clubes se han atraído a cada una de las partes enfrentadas en el Ulster. Así, durante el derbi de Glasgow, el Old Firm, no era raro ver en las gradas banderas y carteles o escuchar cánticos de apoyo al IRA o a la paramilitar Unión de Voluntarios del Ulster. Este odio confesional ha envenenado los Old Firm llegando a provocar serios disturbios y varias muertes. En los últimos años tanto la Federación Escocesa de Fútbol como la UEFA han impuesto varias sanciones a ambos clubes por cánticos que llamaban a la violencia sectaria.

De un lado, los Bhoys (aficionados del Celtic) con toda su simbología republicana, católica e irlandesa. Por otro, los Gers portando la Union Jack, la bandera del Ulster y el color naranja de la orden de Orange, gran azote del catolicismo británico en las guerras del siglo XVII. También en Glasgow, como en Belfast o Derry, los protestantes conmemoran las victorias de Guillermo de Orange con procesiones por la ciudad, en muchos casos atravesando barrios de mayoría católica. Algo que para estos últimos es una provocación intolerable y que va engordando hasta que estalla en los Old Firm (antes, durante y después).

Así pues, si atendemos a lo que se ve en las gradas de cada uno de los estadios podemos llegar a la conclusión de que fueron los aficionados al Rangers quienes sonrieron con el resultado del referéndum por la independencia celebrado el pasado 18 de septiembre. Con un 55,3 % de los votos, los escoceses decidieron seguir formando parte del Reino Unido. Sin embargo, en su propia ciudad, Glasgow, el Sí a la independencia ganó con un 53,5 %.

En Edimburgo la cosa no va tan lejos

Pero no toda Escocia es Glasgow, aunque casi toda la Escocia futbolística sí lo sea. En la capital, Edimburgo, el conflicto confesional-futbolístico también está presente aunque ni mucho menos con la intensidad de sus vecinos glasgowianos. Allí también hay dos clubes de fútbol y uno de ellos también fundado por inmigrantes irlandeses: el Hibernian F.C. Aunque suele ser considerado el hermano pequeño del Celtic, el Hibernian es más antiguo aunque menos laureado. Obviamente, entre Celtic e Hibernian existe un hermanamiento muy sólido, además de que comparten colores en su camiseta. Y al igual que en Glasgow, están “los otros”, el Heart of Midlothian, que por contraposición sería el equipo protestante y unionista. Sin embargo, en Edimburgo la rivalidad es mucho más sana que en Glasgow. Aquí no es raro ver a las aficiones mezcladas en los derbis e incluso en una misma familia puede haber aficionados de ambos equipos. Eso sí, los hinchas del Hibernian no dejan escapar la ocasión de escupir en el escudo de su rival, que decora una baldosa de la Royal Mile, la calle más concurrida de Edimburgo.

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En lo futbolístico el de Edimburgo es uno de los derbis con más tradición del mundo. El primero se jugó en 1875 y a octubre de 2014 se han disputado 318 oficiales. Contando torneos locales, amistosos e incluso un partido de año nuevo son más de 600. De momento el Hearts domina los enfrentamientos directos, incluyendo dos finales de Copa Escocesa, la última en 2012, cuando se impusieron por 5-1 al Hibernian. Por cierto, en Edimburgo el No a la independencia consiguió un apoyo del 61 %. Malos tiempos para el Hibernian.

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Piqué, el Barça, Cataluña, la consulta…

“Estoy a favor de la consulta, es algo democrático que tiene que suceder porque la gente tiene su derecho a votar”

Gerard Piqué. Central del F.C. Barcelona
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Tengo que empezar reconociendo que no siento demasiada simpatía por Piqué. Me parece un poco arrogante. Tampoco es que le odie, hay muchos futbolistas que me caen bastante peor. Es posible que uno tenga motivos para ser arrogante cuando ha ganado todo lo que ha ganado Piqué y tiene una mujer como la que tiene Piqué. Puede ser, pero me da la sensación de que ese carácter ya lo tenía antes. Aún así me parece un buen central con un físico portentoso y una cabeza que podría estar mejor amueblada. Dicho lo cual, en esta ocasión creo que quienes le critican por apoyar el derecho de autodeterminación del pueblo de Cataluña no tienen razón.

Primero porque a mí, que escribo desde Madrid, me da la sensación de que Piqué lo que ha expresado no es ni más ni menos que un sentir mayoritario en la sociedad catalana: que votar no puede ser ilegal. No ha dicho si apoyaría el Sí, el No o si se quedaría en la cama jugando al Candy Crush. Simplemente ha dicho que la autodeterminación es un derecho, algo que me parece bastante coherente en una democracia.

Como era de esperar las críticas han arreciado. Y lo han hecho por donde suelen: que si por qué juega en la selección, que si la liga catalana, que si tiene negocios en España. Y aunque algunas de estas críticas han sido bastante certeras, en la mayoría se han vuelto a destacar aquellos del blanco o negro; el conmigo o contra mí. Algo que por desgracia se ha convertido en la tónica en todo este lío del referéndum. Y además, muchos de los que critican estas palabras del central del Barça hace bien poquito le alababan por su rendimiento en la Roja. Él y otros catalanes formados en La Masía le han dado a la selección española los años más gloriosos de su existencia.

Lo cierto es que el Barça está muy a menudo en el ojo del huracán para aquellos del “no se debe mezclar política y fútbol“. Como si otros clubes no hicieran política. Como si los chanchullos entre el Valencia y la Generalitat valenciana o las visitas de ministros y ejecutivos de empresas privadas al palco del Bernabèu no fueran política. Lo que ocurre en el Camp Nou es que esta estrategia de marketing del “Més que un club” ha sido muy efectiva desde los años 70 para presentar al Barça como el “ejército de un país desarmado” en palabras del gran Vázquez Montalbán. Ni más ni menos; sólo eso pero todo eso. Una cuestión de imagen para algunos, de interés para muchos y de responsabilidad histórica para otros. Supongo que todos ellos tendrán su parte de razón: la identificación del club como el equipo nacional de Cataluña tiene sus ventajas, sobre todo para los candidatos a la presidencia elegidos por una masa social casi exclusivamente catalana. Y lo que está claro es que en Cataluña muchos apoyan la consulta soberanista.