¿Hay aficiones de izquierdas y aficiones de derechas en España?

Mucha gente tiende a confundir a una afición con sus ultras. Sobre todo cuando se trata de catalogar políticamente a un grupo tan extenso, suele tirarse por el camino más fácil. Así, Sevilla, Celta, Dépor, Rayo y los equipos vascos tendrían aficiones de izquierdas; y Atleti, Real Madrid, Betis y Español tendrían aficiones de derechas. Eso no hay quien se lo crea aunque sea un argumento muy útil para despreciar a una afición rival cuando su supuesta ideología no coincide con la nuestra propia.

Pancarta de la desaparecida sección Red Star

Pancarta de la desaparecida sección Red Star

Para empezar, es cierto que los ultras, por ser los aficionados más ruidosos y entregados en la grada, suelen proferir determinados cánticos que enseguida se identifican con la totalidad del estadio. Así, si cuatro imbéciles se burlan del asesinato de Aitor Zabaleta en el fondo sur del Calderón, se dirá: “en el Calderón se canta no sé qué…” cuando lo cierto es que esos cánticos vienen de una zona muy concreta del estadio y por un reducido número de ¿personas? Pero ahí está, se ha cantado, se ha escuchado y ha trascendido. Y cualquier aficionado colchonero se ha convertido en un individuo que adora a Hitler y se pasa la vida entre partido y partido pegando palizas a extranjeros, homosexuales y rojos. Vaya bobada, ¿no?

Pues sí, pero ese argumento que parece exagerado es el que muchos utilizamos inconscientemente para catalogar a una afición como de izquierdas o de derechas. Que yo sepa, el intento más serio de relacionar colores futbolísticos con colores políticos lo hizo Kiko Llaneras para JotDown en julio de 2014. Y aunque arroja datos interesantes, lógicamente la muestra no es lo suficientemente grande para algunos equipos y no sé si representativa desde el punto de vista geográfico.

Fuente: JotDown/Kiko Llaneras

Fuente: JotDown/Kiko Llaneras

Porque el factor geográfico es fundamental. Quizá no para el Barça o el Madrid, que tienen a su afición repartida por toda la geografía española pero sí para equipos cuya afición se concentra en una ciudad o en una provincia. Incluso supongo que las aficiones de las dos multinacionales del fútbol español serán más o menos fieles a la realidad electoral de sus ciudades de origen. De perogrullo: será más fácil encontrar a un culé que vote a CiU en Barcelona que en Córdoba o a un madridista pepero en Madrid que en Guipuzcoa. Entonces, ¿la ideología no tiene ninguna influencia en el equipo del que uno sea?

Pues creo que no del todo. Al menos a partir de los datos del estudio de Llaneras, donde se puede observar, por ejemplo, el bajo porcentaje de votantes del PP entre los aficionados al Barça o la alta representatividad de votantes de izquierda entre la afición del Atlético de Madrid. Lo primero puede explicarse por el hecho de que el PP es la cuarta fuerza política en Cataluña; lo segundo parece tener más difícil explicación. O no. Igual eso que dice Simeone de que el Atleti es el equipo del pueblo no es nada nuevo.

En todo caso y después de dedicar un artículo entero a la posibilidad de relacionar la afición a un equipo de fútbol con la simpatía política, he de reconocer que cada vez me creo menos que haya aficiones de izquierdas y aficiones de derechas.

Piqué, el Barça, Cataluña, la consulta…

“Estoy a favor de la consulta, es algo democrático que tiene que suceder porque la gente tiene su derecho a votar”

Gerard Piqué. Central del F.C. Barcelona
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Tengo que empezar reconociendo que no siento demasiada simpatía por Piqué. Me parece un poco arrogante. Tampoco es que le odie, hay muchos futbolistas que me caen bastante peor. Es posible que uno tenga motivos para ser arrogante cuando ha ganado todo lo que ha ganado Piqué y tiene una mujer como la que tiene Piqué. Puede ser, pero me da la sensación de que ese carácter ya lo tenía antes. Aún así me parece un buen central con un físico portentoso y una cabeza que podría estar mejor amueblada. Dicho lo cual, en esta ocasión creo que quienes le critican por apoyar el derecho de autodeterminación del pueblo de Cataluña no tienen razón.

Primero porque a mí, que escribo desde Madrid, me da la sensación de que Piqué lo que ha expresado no es ni más ni menos que un sentir mayoritario en la sociedad catalana: que votar no puede ser ilegal. No ha dicho si apoyaría el Sí, el No o si se quedaría en la cama jugando al Candy Crush. Simplemente ha dicho que la autodeterminación es un derecho, algo que me parece bastante coherente en una democracia.

Como era de esperar las críticas han arreciado. Y lo han hecho por donde suelen: que si por qué juega en la selección, que si la liga catalana, que si tiene negocios en España. Y aunque algunas de estas críticas han sido bastante certeras, en la mayoría se han vuelto a destacar aquellos del blanco o negro; el conmigo o contra mí. Algo que por desgracia se ha convertido en la tónica en todo este lío del referéndum. Y además, muchos de los que critican estas palabras del central del Barça hace bien poquito le alababan por su rendimiento en la Roja. Él y otros catalanes formados en La Masía le han dado a la selección española los años más gloriosos de su existencia.

Lo cierto es que el Barça está muy a menudo en el ojo del huracán para aquellos del “no se debe mezclar política y fútbol“. Como si otros clubes no hicieran política. Como si los chanchullos entre el Valencia y la Generalitat valenciana o las visitas de ministros y ejecutivos de empresas privadas al palco del Bernabèu no fueran política. Lo que ocurre en el Camp Nou es que esta estrategia de marketing del “Més que un club” ha sido muy efectiva desde los años 70 para presentar al Barça como el “ejército de un país desarmado” en palabras del gran Vázquez Montalbán. Ni más ni menos; sólo eso pero todo eso. Una cuestión de imagen para algunos, de interés para muchos y de responsabilidad histórica para otros. Supongo que todos ellos tendrán su parte de razón: la identificación del club como el equipo nacional de Cataluña tiene sus ventajas, sobre todo para los candidatos a la presidencia elegidos por una masa social casi exclusivamente catalana. Y lo que está claro es que en Cataluña muchos apoyan la consulta soberanista.

Política y fútbol ¿por qué no?

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No sé vosotros, pero yo odio esa frase tan manida de “no se deben mezclar fútbol y política”. Me parece una hipocresía. Como si las personas que van a los estadios no tuvieran su ideología, no votaran e incluso, pásmense, no pertenecieran a partidos políticos. Eso por no hablar de los futbolistas; bueno, es cierto que en general los futbolistas no son seres excesivamente politizados salvo contadas excepciones. Pero también estoy seguro de que los jugadores de fútbol no tienen ni más ni menos compromiso político que cualquier otro veinteañero millonario sea cual sea su profesión. Además, cuando un futbolista comete la osadía (el pecado para algunos) de significarse siempre aparecen los guardianes de la moral que salen a recordarle que lo suyo es dar patadas a un balón. Como si eso fuera incompatible con tener una opinión propia sobre el mundo en el que vive.

Porque el que escribe estas líneas es de los que piensan que todo es política y la política está en todo. Desde que ponemos un pie en el suelo por las mañana hacemos política, y a veces en la cama también. Así pues, pensar que el fútbol no es político es un sinsentido. Es más, como entretenimiento de masas, el poder de movilización del fútbol supera a otros espectáculos similares. No hace falta pensar mucho para encontrar ejemplos, en España y fuera, de fútbol usado con fines políticos: un Real Madrid que ganaba títulos europeos en el momento en que la España de Franco acababa de romper su aislamiento internacional, el Mundial de 1978 en los años más oscuros de la dictadura argentina o el trampolín que Gil encontró en el palco del Calderón para dar su salto a la alcaldía de Marbella. Al mismo tiempo los clubes de fútbol arrastran tantas pasiones que se dan la mano sin reparo con los poderes políticos para dar pelotazos urbanísticos o deber unas cantidades de dinero a Hacienda por las que cualquier otra empresa habría tenido que cerrar.

Lo cierto es que para mucha gente esto del fútbol y la política o la política y el fútbol es un poco como el sexo en un coche: incómodo pero con morbo. A mí es una mezcla que me pone muchísimo y por eso ha nacido este blog. Un blog que ve la luz con el único fin de entretener a quien lo escribe y a quien lo lea.